• Compartir
  • Whatsapp de SrPerro

El dolor físico en perros, una clave esencial tras muchos problemas de comportamiento que sigue sin tenerse en cuenta

El dolor físico en perros, una clave esencial tras muchos problemas de comportamiento que sigue sin tenerse en cuenta

Última actualización del articulo el día 20/02/2026

El posible papel del dolor en los problemas de comportamiento en perros es ampliamente reconocido pero sigue siendo ignorado en demasiadas ocasiones. De ahí la importancia de un estudio en el que han participado expertos (veterinarios y etólogos veterinarios) de EEUU, el Reino Unido, España y Canadá analizando sus propios casos clínicos.

El dolor, en demasiadas ocasiones, puede estar directamente tras un presunto problema de conducta o, como mínimo, puede estar amplificando ese problema.

La prevalencia llega a alcanzar el 82% (es decir, en ciertos casos, una elevada mayoría de perros que tienen presuntos problemas de comportamiento lo que en realidad tendrían es algún tipo de dolor que causa o empeora esos problemas). Por esto mismo es TAN importante hablar con nuestros veterinarios si nuestro perro tiene cambios de comportamiento o problemas de comportamiento, incluso antes de hablar con un educador canino o etólogo.

Muchas de esas condiciones, aclaran los autores del estudio, pueden sospecharse mediante una observación cuidadosa del paciente. En general, concluyen, es preferible tratar primero el dolor sospechado en lugar de considerar su relevancia solo cuando el animal no responde a la terapia conductual.

Los autores sostienen que actualmente existe una infra-notificación de la relación entre dolor y problemas de comportamiento, lo que limita gravemente el reconocimiento de este problema de bienestar tan importante.

En su experiencia, la estimación más conservadora es que el 33% de los casos remitidos por comportamiento implican dolor pero en algunos centros casi llega a superar el 80%

Los tipos de dolor que predominan son: 

  • Dolor musculoesquelético (cadera, rodilla, columna)
  • Trastornos gastrointestinales dolorosos
  • Patologías dermatológicas dolorosas
  • Otitis
  • Enfermedades dentales

En el estudio, han establecido cuatro categorías esenciales en torno a dolor-comportamiento:

1. La queja principal es una manifestación directa del dolor o lo que es lo mismo, el motivo de consulta conductual es, en realidad, una expresión directa de malestar físico.

La agresión defensiva es uno de los ejemplos más frecuentes. Los autores describen perros que:

  • Gruñen o muerden cuando están tumbados.
  • Reaccionan al ser tocados.
  • Parecen tener un carácter “cambiante” o impredecible.
  • No quieren moverse.

En perros con dolor musculoesquelético crónico, las mordidas suelen:

  • Ser de menor intensidad.
  • Dirigirse más a extremidades.
  • Ser breves y fácilmente interrumpibles.
  • Afectar tanto a personas conocidas como desconocidas.

La agresión funciona como una estrategia para evitar más interacción cuando el movimiento o el contacto duelen.

También hay consultas por cambios de comportamiento o "aprendizaje" y aquí, la conexión es igual de directa: un perro que no quiere sentarse, saltar o realizar ejercicios puede estar evitando una postura dolorosa (por ejemplo, displasia de cadera).

Igualmente hay conductas “compulsivas” con base médica, problemas conductuales que son, directamente, una expresión del malestar físico:

  • Morder al aire (Fly snapping): en un estudio de 7 perros, todos tenían patología médica subyacente (gastrointestinal o neurológica). El 86% mejoró con tratamiento y el 57% resolvió completamente en un mes.
  • Mirar fijamente hacia arriba (Star gazing): asociado a gastritis erosiva y reflujo.
  • Lamer superficies de forma excesiva: vinculado a trastornos gastrointestinales. El 59% mejoró en 3 meses y el 76% en 6 meses tras tratamiento.
  • Pica (ingerir piedras): en un caso descrito, mejoró tras tratamiento analgésico por displasia de cadera.

 

2. Dolor no identificado tras el que aparecen problemas secundarios asociados al problema de comportamiento principal

En estos casos, el problema conductual principal puede tener una base emocional, pero algunos signos persistentes o “resistentes” están sostenidos por dolor no diagnosticado.

Ejemplos descritos:

  • Perro con ansiedad por separación que mejora parcialmente, pero mantiene conductas destructivas hasta que se detecta patología en el tendón de Aquiles.
  • Perro con protección de recursos que mejora con modificación conductual, pero persiste la reticencia a pasear hasta que se diagnostica displasia bilateral de cadera.
  • Casos que parecen recaídas conductuales, pero coinciden con reducción involuntaria de medicación analgésica.

Una señal de alerta es cuando:

  • El caso progresa “hasta cierto punto” pero no termina de resolverse, hay recaídas inexplicables o algunos signos no responden al plan conductual bien aplicado.

 

3. Empeoramiento de un problema existente

En esta categoría, el dolor no causa el problema, pero lo intensifica o lo generaliza. El estudio explica que el dolor induce un sesgo cognitivo negativo, los perros reaccionan "temiéndose lo peor" por así decir, algo que puede aumentar su ansiedad, miedo, frustración o irritabilidad. 

Y es, además, bidireccional: la ansiedad puede hacer que el perro sienta aún más dolor.

Ejemplo, sensibilidad a ruidos en perros con dolor musculoesquelético:

  • La edad media de inicio del problema fue mayor (6 años frente a 2 años en perros sin dolor).
  • 100% reaccionaban a todos los ruidos fuertes (frente a 60% en el grupo sin dolor).
  • Tendían a generalizar el miedo a múltiples contextos.

Puede sospecharse dolor cuando:

  • La intensidad de la respuesta parece desproporcionada.
  • El miedo o la agresividad se generalizan rápidamente.
  • El problema reaparece sin cambios en el entorno.
  • El animal desarrolla nuevas conductas de evitación (por ejemplo, suelos resbaladizos).

 

4. Signos conductuales adjuntos asociados al dolor

Estos no son necesariamente manifestaciones directas de dolor, pero aparecen con mayor frecuencia en animales con dolor crónico. Los autores prefieren llamarlos “conductas adjuntas asociadas al dolor” porque no siempre está claro si son dolor en sí o respuestas secundarias.

Entre los signos citados:

  • Cambios de apoyo entre extremidades al estar de pie.
  • Marcha anómala.
  • Posturas inusuales al sentarse o tumbarse.
  • Dificultad o rigidez al levantarse.
  • Sacudidas corporales frecuentes.
  • Bostezos repetidos.
  • Estiramientos corporales frecuentes.
  • Lamer el aire.
  • Morder el aire (Fly snapping).
  • Rascado anómalo de cabeza y cuello.
  • Evitación de suelos resbaladizos.
  • Negativa a entrar en determinadas habitaciones.
  • Interrupciones bruscas del movimiento (quedarse congelado).

En razas como el pug, más de tres cuartas partes de los individuos con postura anómala al sentarse también presentaban marcha anormal, y mayor prevalencia de conductas adjuntas como lamer el aire o fly snapping.

Los autores especulan que los animales con dolor pueden sentirse más vulnerables y expresar mayores niveles de ansiedad. Esto puede generar frustración, ya que el coste de acceder a recursos aumenta cuando hay dolor asociado. Y su conclusión para veterinarios y etólogos es clara: no debemos descartar el papel del dolor, incluso si el vínculo parece improbable o no está documentado.La analgesia de prueba puede no confirmar definitivamente un foco doloroso, pero protegerá el bienestar del paciente y puede evitar la necesidad de un programa de modificación conductual que el tutor podría tener dificultades para aplicar.

Es decir, reiteran, se recomienda tratar primero el dolor sospechado en lugar de considerar su relevancia solo cuando el animal no responde a la terapia conductual.

Podéis consultar el estudio completo aquí.

Te puede interesar