
Las experiencias de duelo entre quienes conviven con perros son similares independientemente de cómo se produzca la muerte, según muestran dos nuevos estudios del Dog Aging Project: el impacto emocional, el dolor por la pérdida no está relacionado con la forma en la que muere un compañero canino sino con su marcha.
Los estudios también ofrecen consejos para que profesionales veterinarios ofrezcan información concreta o acompañen proactivamente a las familias en las decisiones al final de la vida.
Para muchas familias, la pérdida de un perro no es solo la pérdida de un animal, sino la de un miembro de la familia. El dolor es enorme y, para demasiadas personas, incluso inesperado.
Dos estudios recientes del Dog Aging Project aportan nueva información sobre cómo las personas viven la pérdida de un compañero canino y cómo los veterinarios pueden ofrecer un mejor apoyo durante el proceso de final de vida.
Uno de los estudios analiza cómo las personas perciben la muerte de sus perros y toman decisiones al final de la vida, mientras que el otro explora en qué se diferencian —o en qué se parecen— estas experiencias según la forma en que se produce la muerte.
En conjunto, los estudios sugieren que, aunque las circunstancias de la muerte puedan variar, el impacto emocional es notablemente similar. Las personas describieron experiencias emocionales comparables tanto cuando sus perros murieron mediante eutanasia como cuando fallecieron sin intervención, lo que pone de relieve la fuerza del vínculo humano-animal.
“La pérdida es pérdida, independientemente de cómo ocurra”, concluye el Dr. Jake Ryave, interno clínico del Departamento de Ciencias Clínicas de Pequeños Animales en la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas (VMBS) de Texas A&M. “El vínculo humano-animal es muy fuerte y, independientemente de cómo muera un animal, ese vínculo no cambia”.
Uno de los estudios, liderado por la Dra. Kellyn McNulty, exresidente de medicina interna en VMBS, analizó en profundidad la End of Life Survey para entender mejor cómo las personas perciben la muerte de sus perros y cómo esas percepciones influyen en las decisiones al final de la vida.
La encuesta se diseñó no solo para recoger información médica sobre las muertes, sino también para comprender el punto de vista de quienes cuidaban de los animales.
“La End of Life Survey se diseñó específicamente como una encuesta dirigida a las personas cuidadoras”, explicó McNulty. “Sus percepciones y las decisiones que toman influyen directamente en datos médicamente relevantes, como la causa y la forma de la muerte”.
El estudio encontró que el dolor y el sufrimiento fueron las razones más habituales para optar por la eutanasia, seguidos por una mala calidad de vida y un pronóstico desfavorable.
Las personas describían con frecuencia señales físicas o de comportamiento que les hacían pensar que sus perros estaban sufriendo, como vocalizaciones, cambios en la movilidad o variaciones sutiles en la expresión facial. La investigación también reveló que algunas personas tienen dificultades para distinguir entre signos de dolor y cambios asociados al envejecimiento.
El segundo estudio analizó respuestas abiertas de la misma encuesta, en las que las personas describían las circunstancias de la muerte de sus perros. Los investigadores compararon las respuestas de quienes habían optado por la eutanasia con las de quienes vivieron una muerte sin asistencia.
No se encontraron diferencias significativas en las emociones descritas entre ambos grupos.
La muerte repentina se mencionaba con más frecuencia en los casos sin eutanasia, pero sentimientos como el duelo, la culpa o la atribución de responsabilidad aparecían con tasas similares en ambos grupos.
Muchas personas utilizaron el apartado opcional de comentarios para compartir relatos detallados sobre los últimos días de sus perros, describiendo la evolución de la enfermedad, el deterioro de la calidad de vida y los acontecimientos previos al fallecimiento.
Al mismo tiempo, muchas también compartieron recuerdos positivos. “Incluso tras una pérdida difícil, muchas personas se centraban en la alegría que sus perros habían aportado a sus vidas”, explica el Dr. Jake Ryave,.
Ambos estudios ponen de manifiesto oportunidades para mejorar la comunicación entre veterinarios y familias en torno al envejecimiento, la calidad de vida y los cuidados al final de la vida.
Por ejemplo, el trabajo de McNulty detectó que un porcentaje relevante de personas indicó que el pronóstico no se había abordado o no se había comprendido completamente en las consultas veterinarias cercanas al final de la vida del perro.
“Dado que el dolor y/o el sufrimiento fueron la razón más común para la eutanasia, y que nuestros datos sugieren que puede resultar difícil diferenciar el dolor crónico del deterioro cognitivo, es nuestra responsabilidad como profesionales veterinarios educar y capacitar a las personas para reconocer y tratar adecuadamente tanto el dolor crónico como las afecciones asociadas a la edad”.
Ryave señaló que estos resultados refuerzan la necesidad de ofrecer de forma proactiva recursos de apoyo emocional a quienes atraviesan el duelo. “Las personas cuyos perros fallecen de forma inesperada pueden no tener acceso al mismo apoyo que quienes viven una eutanasia en una clínica veterinaria”, explicó.
Proporcionar recursos de acompañamiento en el duelo a todas las personas —independientemente de cómo se haya producido la muerte— podría ayudar a cubrir esa necesidad.
En última instancia, los investigadores esperan que estos resultados animen a los profesionales veterinarios a reconocer el impacto emocional de la pérdida y a acompañar a las personas durante el proceso de duelo.
El trabajo refuerza la idea de que la atención veterinaria no se limita a tratar a los animales, sino que también implica apoyar a quienes conviven con ellos. “Entramos en esta profesión porque queremos ayudar a los animales”, concluyó Ryave. “Pero los animales siempre vienen con personas, y apoyar a esas personas también forma parte de nuestra responsabilidad”.
Compartimos aquí algunos consejos de Fundación SrPerro Colega que pueden ser de utilidad a personas que se enfrentan con esos duros momentos.