Perros e hijos de perra. Y no es metáfora ni marketing. No es un título pensado para llamar la atención, aunque la llame. Perros e hijos de perra
: una frase que también encabeza uno de los capítulos del libro y que resume de forma concisa y tajante el universo cánido de Pérez-Reverte. Un título que no puede ser más acertado para este libro que recopila la mayoría de los artículos perrunos del muy perruno Arturo Pérez-Reverte, ilustrado con verdadero mimo por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, amigo del autor y quien también protagoniza uno de los capítulos.
"Ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio." Arturo Pérez-Reverte
Amén.
No nos merecemos a los perros. Es la frase que a mí me resuena en la cabeza al terminar este pequeño libro que se lee rápido y que sin duda se lee mucho mejor sintiendo el calor de tu perro cerca.
Porque Pérez-Reverte habla de muchos hijos de perra: de los que cuando llega el verano abandonan a su perro en cualquier cuneta, de los que no permitieron salvar a una galga perdida en el Metro de Madrid, de los que azuzan a un perro noble hasta que pelea a muerte con otro. "Chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra".
Artículos inolvidables como el titulado No compres ese perro, un texto que, creo recordar, se hizo viral cuando lo publicó Pérez-Reverte hace un par de años y que, porque así somos los humanos, sigue siendo ahora igual de pertinente y necesario.
Son veintidos artículos por los que pululan trufas húmedas y canes diversos y memorables: los del autor, como Sombra, Sherlock y Rumba, y muchos otros con los que se ha ido topando aquí y allá, en México, en Cádiz, en cualquier calle, en cualquier esquina.
Canes cuyas historias emocionan por muchas razones, porque la mala leche que destila Pérez-Reverte se suaviza cuando habla de su relación con estos seres y describe con precisión lo que su presencia a nuestro lado significa para "los que saben lo que saben".
También en su caso los perros hacen que sea, por muy paradójico que pueda resultar, más humano.
No nos merecemos a los perros, sigo temiéndome yo... Menos mal que están ahí, siempre a nuestro lado.