
Los problemas de comportamiento de un perro afectan considerablemente a la persona responsable de ese peludo, esto es de lo más lógico, pero, según muestra un estudio de la Universidad de Colorado, lo hacen más allá de la gravedad de los propios problemas de conducta del can.
La "culpa del cuidador" explica mejor el malestar psicológico que la propia gravedad de los problemas de conducta: es decir, el impacto sobre el bienestar del tutor de un perro no está determinado únicamente por las conductas en sí, sino también por la forma en que esas dificultades son interpretadas y vividas.
Este estudio ha analizado datos de 565 personas que convivían con perros con problemas de comportamiento: el 33% cumplía criterios de probable ansiedad, el 20% de probable depresión y el 78% presentaba una elevada carga de cuidado; además, el 53% afirmó sentirse solo y el 40% socialmente aislado.
La culpa es el factor más importante tras los resultados psicológicos negativos: está relacionada con más ansiedad, más depresión, mayor sensación de carga y menor satisfacción con la vida.
¿Cuales eran los problemas de conducta de los perros?
Los más frecuentes eran: miedo o ansiedad intensos (53,8%), agresividad hacia animales desconocidos (53,1%) y reactividad con correa (52,6%).
En más de la mitad de los casos, estos problemas llevaban presentes más de tres años, lo que indica que muchas familias conviven con ellos durante largos periodos.
La gravedad de los problemas y la existencia de lesiones a personas u otros animales aumentaban la probabilidad de considerar estas decisiones.
Enfoque One Health para tratar problemas de comportamiento en los perros
Este estudio muestra la conexión entre los problemas de comportamiento de los canes con el bienestar de las personas. Los resultados también ponen de relieve la influencia del contexto social, incluidos el estigma, el juicio de los demás y la falta de apoyos adecuados, en la experiencia de quienes cuidan de estos perros.
En conjunto, los resultados de este estudio subrayan la necesidad de abordar los problemas de comportamiento desde una perspectiva One Welfare, reconociendo la interconexión entre el bienestar de los perros y el de las personas que los cuidan. Las soluciones eficaces no deberían centrarse exclusivamente en el comportamiento, sino ser integrales, individualizadas, interdisciplinarias y orientadas también a las necesidades de los cuidadores.
Abordar la culpa de los cuidadores, validar las dificultades que afrontan y mejorar el acceso a recursos de apoyo adecuados son elementos esenciales. En última instancia, las intervenciones más efectivas serán aquellas que reconozcan la naturaleza interdependiente del bienestar humano y animal y la necesidad de apoyar a ambos miembros de la relación humano-perro.
La culpa en el proceso de educar a un perro
La misma autora de este estudio, Lori Kogan,también ha analizado la culpa relacionada con la educación canina y, de nuevo, los resultados son muy interesantes: con datos de 361 personas comprobaron que entre un 40 % y un 45 % de los tutores afirmaron sentirse a menudo culpables por no dedicar suficiente tiempo al entrenamiento, por levantar la voz o por ser inconsistentes con las normas establecidas. Más del 50 % indicó sentirse culpable cuando reaccionaba negativamente ante el comportamiento de su perro o cuando percibía presión para utilizar siempre refuerzo positivo.
En relación con comportamientos concretos, la mayoría de los participantes manifestó sentirse a menudo culpable cuando su perro saltaba sobre las visitas (53,8 %), se abalanzaba hacia coches o bicicletas (57,5 %) o mordisqueaba objetos inapropiados (51,6 %).
Los análisis de regresión mostraron que las mujeres más jóvenes, que habían asistido a sesiones con un adiestrador o especialista en comportamiento canino y que presentaban niveles más bajos de autocompasión, experimentaban mayores niveles de culpa relacionada con el adiestramiento.
La falta de autocompasión, caracterizada por la autocrítica, el sentimiento de aislamiento y la sobreidentificación con los problemas, fue un factor predictor de esta culpa.
Estos resultados sugieren que los educadores caninos y veterinarios especializados en comportamiento deberían normalizar las dificultades que surgen durante el proceso de aprendizaje y promover intervenciones basadas en la autocompasión para ayudar a los tutores a gestionar estos sentimientos.
Fomentar la autocompasión junto con el uso de técnicas de refuerzo positivo podría optimizar el bienestar tanto de los perros como de sus tutores al reducir la carga psicológica asociada a experiencias de educación canina imperfectas.
Te puede interesar